Honrar los sentidos


Siempre que uno atraviesa un Tori se encuentra a las puertas de un lugar sagrado, los puentes separan el mundo de los dioses del territorio mundano.
Me resulta interesante esa espiritualidad que se respira en ciertos lugares del país Nipón y el respeto por las tradiciones y creencias.

En el corazón de un bosque de cedros centenarios, en la prefectura de Osaka, el cementerio Okunoin alberga más de 200.000 tumbas en las que yacen señores feudales, guerreros y samurais, entre otras almas.


En el interior de este bosque se encuentra el Templo de Las Linternas (Turodo Hall) alumbrado por miles de lámparas japonesas ardiendo desde hace cientos de años.
Detrás de este Templo se encuentra el Mausoleo de Kobo Dashi, en el que cuenta la leyenda, descansa en eterna meditación, el fundador del budismo Shingon a la espera del nuevo Buda.

 

Dicen que la energía que se respira en el bosque y las inmediaciones es muy especial, que las emociones se concentran en el recorrido de más de dos kilómetros a lo largo del paseo y que el silencio es estremecedor.
Me es fácil sentirlo a través de los testimonios que así lo cuentan.
Y me sucede lo mismo siempre que leo o descubro cosas nuevas sobre esta cultura milenaria.
Más allá de no profesar la misma religión, el profundizar en cómo viven y sienten, me genera un sentimiento de admiración y me llena un profundo sentido del respeto.


A pesar de que soy reacia a visitar cementerios porque me invade una sensación de intrusismo (como cuando entras en lo más íntimo de un hogar sin ser invitado) y de que me vea incapaz de dejar la mente en blanco, lo cierto es que la idea de honrar los sentidos de la manera que los monjes budistas del lugar recomiendan, me anima a intentar seguir algunas de sus pautas: Relajarte, contar del uno al diez a modo de mantra y dejar la mente en blanco.

Queremos solucionar los problemas con grandes cambios e ideas transcendentales, y a lo mejor son los pequeños cambios en nuestro interior los que hacen de palanca para que lo otro suceda.

Comentarios

  1. Soy muy inculto, no conocía la palabra "tori" aunque al seguir leyendo ya me he hecho una idea, ni por supuesto la leyenda ni todo lo que nos cuentas sobre la espiritualidad de esta cultura.
    Al leer el título "Honrar los sentidos" inmediatamente recordé un episodio real ocurrido cuando trabajaba y como encargado de equipo se me hizo una encuesta...
    Un abrazo.

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    1. Hola Jubi.
      Para mi también es una cultura desconocida pero me apetece mucho saber más cosas sobre este país y sus gentes y lugares.
      Realmente cuanto más cosas descubro, más me gusta. Siempre con ese hilo conductor del respeto hacia todo y todos, y ese comportamiento armonioso y lleno de simbolismos.
      He ido a tu entrada, alguna vez anterior me llevaste hasta allí. Me gustó leerlo, sin duda todos los sentidos y más se desarrollan día a día.
      Un abrazo grande.

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  2. Me pregunto si en estos tiempos de tres "V" velocidad, vanidades y violencia, seremos capaces de recuperar el contacto con nosotros mismos y nuestros sentidos. Me gusta creer que algún día lo lograremos. Por lo pronto, tu entrada transporta a esos paisajes internos.
    besote

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    1. Hola Nélida.
      Interesante pregunta acerca de las tres "V". Velocidad, vanidad, violencia......el ritmo nos lleva como por inercia, ¿seremos realmente capaces de controlarlo, y por ende, tener el suficiente autocontrol sobre nosotros mismos?
      A mi también me gusta pensar que poco a poco lo lograremos, haciendo pequeños cambios, mirando para el lado correcto y sabiendo qué partes imitar y cambiar.

      Paisajes internos que nos invitan a mirar hacia nuestro interior.

      Otro besote grande para ti también y gracias por venir .

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  3. Los occidentales contamos de uno a diez, pero en Oriente cuentan hasta que los cedros envejecen. Es mucho lo que nos queda por aprender.

    Los cementerios nos recuerdan que somos fragiles y procuramos evitarlos, cuando deberia ser al reves. Ese recuerdo, ese aviso, es el que da sentido a nuestra vida.

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  4. Hola Tawaki.
    Es una cultura muy interesante de la que, en mi opinión, deberíamos aprender muchas cosas.
    Yo con cada cosa que descubro, más me convenzo de ello.
    Casi mi última frase lo dice todo; tendemos a querer hacer cosas transcendentales para cambiar el mundo, pero son realmente ños pequeños cambios en nuestro interior los que hacen que nuestro mundo cambie.
    Bueno son tantas las lecciones que yo veo...

    No me gustan los cementerios, es cierto. Seguro que como bien apuntas también será porque nos recuerdan lo frágiles que somos y que.....pues eso, que no somos nada y es triste. Pero coincido contigo en que debemos tenerlo presente, nos da sentido a la vida, porque muchos viven creyendo que serán inmortales!!!
    Pero en mi caso resalto de manera intensa ese sentimiento de intrusismo (qué hago mirando y paseando por un lugar al que no me han invitado y que es tan íntimo).

    Gracias por venir y dejarme tu comentario.
    Un beso.

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  5. ·.
    Me encantan las fotos y la idea. Filosofía diferente que invita al sosiego y reflexión, tras cada una de ellas.
    Una visita a un cementerio puede ser muy enriquecedora. Es encontrarse con uno mismo y su nada. Y no creo que sea difícil dejarse ir perder el sentido, y ponerse en blanco.
    Muy de acuerdo en que los grandes cambios han de producirse en nuestro interior.

    Un beso

    · LMA · & · CR ·

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    1. Hola Alfonso.
      Gracias por venir atrás en el tiempo, a dejar tu huella en mi blog. Se agradece el recorrido y las visitas, como siempre.
      Esa manera de ser de los orientales, su filosofía de vida y sus costumbres....son un misterio para nosotros los occidentales que deberíamos aprender mucho de ellos.
      Te creo, en eso de que puede ser enriquecedora la visita al cementerio. No lo pongo en duda pero yo sigo teniendo un sentimiento de intrusismo, de no haber sido invitada a estar en lo más íntimo de un hogar...
      Nada, son rarezas que cada uno tiene.
      Los cambios en nuestro interior tienen reflejo en esos grandes cambios, sí señor, y sigo reafirmándome en ello.

      Gracias de nuevo.
      Un beso!

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