Anclajes


                                               
El día se había levantado muy claro, tanto como el cielo blanco que acompañaba.
Era su segundo día en la ciudad y el frío invitaba a sacar los abrigos y chaquetas, contrastando con la calidez de sus habitantes.
Luz salía del Trinity College cuando escuchó el sonido de unas dulces cuerdas, se dejó llevar por las notas y descubrió un ángel pelirrojo, que con forma de mujer, hacía sonar su arpa con destreza.
Y allí se quedaron, ella y su pareja, anclados al suelo, sin noción del tiempo que pasaron escuchándola.
Al girar la esquina, escucharon el eco de sus pasos avanzar hacia uno de los barrios más bonitos de la ciudad.
A Luz, el lugar le hizo viajar al pasado, por dentro la decoración vintage y las camareras pin´up, ayudaban a crear un ambiente muy acogedor y confortable. 
Servían las mejores tartas caseras que jamás habían probado antes.
Todas las tardes se dejaban caer por allí.
Una tetera de cerámica azul, una taza de porcelana blanca y un plato de cerámica con flores estampadas. A ella le llamaba mucho la atención esa peculiaridad de no haber dos vajillas iguales. 
Tampoco sintió que hubieran dos tardes iguales cada vez que entraba allí, ni dos charlas iguales, ni dos sonrisas iguales, incluso la suya cambiaba por días.

Y cada vez era más largo el eco de esas risas, suaves, tilitantes, cálidas....
Bastaba muy poquito tiempo para darse cuenta que aquel lugar tenía un encanto especial, era el barrio con más solera de la capital.
Las calles peatonales de Temple Bar, tan llenas de vida, de gente en su ir y venir.
Algunos paseaban a pie, otros iban en bicicletas. Unos iban de paso y corrido mientras otros se deleitaban en el caminar pausado. Muchos pisaban suelo conocido y otros, como Luz, adoquines que acababan de descubrir.
La arquitectura de sus fachadas , los colores y luces empleadas en su decoración exterior, hacían del lugar algo tan pintoresco como inconfundible.
Bares.
Pubs.
Terrazas.
Cerveza Guiness.
Take away.
Banderas.
Olor, color, sabor.
Genuino.
Auténtico.
Los oriundos del lugar eran, en su inmensa mayoría, gente encantadora.
Luz sabía que los llamaban "los latinos del Norte", y allí descubrió el por qué.
Cualquier día de la semana, hacían vida en la calle, a pesar del frío todos los lugares estaban llenos de gente.
Sonreían, eran amables, alegres, divertidos, también respetuosos y formales.
Salían, paseaban, compraban, tomaban algo, pero sobre todo paseaban, paseaban y paseaban. Vivían.
A poco que vieran algún turista mirar un mapa, se paraban y acercaban para preguntar con mucha educación si estaban perdidos o buscaban algún lugar y de ser así se ofrecían a ayudar.
A Luz y su pareja no les sucedió, pero lo cierto es que no parecían dos turistas más, se mimetizaron de tal manera con el lugar, que cualquiera hubiese dicho que eran oriundos de allí.
La luces jugaban a esconderse y aparecer de repente, como los colores de los rótulos de cada establecimiento jugaban a contrastar entre sí.
Se mezclaban los sonidos de las barras del bar con las charlas superpuestas y las risas compartidas.
Las de otros.
Las de ellos dos.
En aquel instante, estaba muy cómoda, feliz, a gusto.
Como punto de referencia, quiso retratarlo.
Sentía cómo algunos anclajes de su interior se iban cerrando, acomodando, encontrando su lugar.
Y no podía ser en mejor escenario que aquel.

Comentarios

  1. No he estado nunca en Dublin, ni tampoco en Irlanda, pero no me importaría pasear por estos escenarios que tan bien los detallas.
    Un abrazo

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    1. Hola Jubi.
      Pues sería una de mis recomendaciones, a todo el que tenga ocasión y oportunidad, que visite Irlanda, en especial Dublín.
      Un beso.

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  2. Un arpa así, en la calle, sólo puede ser en Dublín. Qué ganas de volver por Temple Bar, por sus pubs, sus risas y su música. Volví a Gruyères y entré en el bar. Sigue abierto, y no me explico cómo pude pasar por delante dos veces sin verlo.

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    1. Así es, fue Dublín, donde este ángel-señora tocaba, y lo hacía de maravilla.
      Pues si, Tawaki, me pasa lo mismo; pensar en Dublín, Temple Bar, etc....y asociarlo a todo lo que cuento aquí. Recordar es una manera de regresar, pero cómo me gustaría volver allí en persona!!!!

      Oye qué bueno que fueras de nuevo a Grúyeres y entraras en el bar. Me alegro mucho y de saber que aún sigue abierto.
      Pues si, es difícil visitar el pueblo, tan pequeño, y no ver el Bar. Jajaja.
      Mejor, así tuviste una excusa para regresar :-)
      Beso.

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