Un último esfuerzo


Hoy se ha levantado cansada, anoche tampoco pudo dormir bien.
La tele está dando la noticia de un accidente en la preparación de unos fuegos artificiales, comunican que todos los artificieros han salido ilesos. Las heridas de Faustina no salen en la tele porque nadie las ve ni entienden su magnitud. Al menos así lo siente ella.
Está sola y muy mayor.

Su pequeña pensión apenas llega para comida y medicamentos. Y los ahorros de su vida entera los dio para rehabilitar a su hijo de ese mundo oscuro y vicioso que tanto le ha cambiado.
Ya no lo reconoce en ningún gesto ni en ninguna palabra, se ha vuelto un desconocido que grita a su madre, la maldice y amenaza continuamente.
Sus vecinos apenas hablan con Faustina porque también están amenazados, tienen miedo y miran hacia otro lado cuando la ven pasar.

Hoy, como cada tarde ha ido a la iglesia y se ha sentado en el mismo banco de siempre, deja su bolso a un lado y espera que no haya nadie cerca para hablar con su Dios, el que la escucha y alivia sus penas, al que le reza y pide en sus oraciones

La observo desde atrás desde el lado derecho de donde se encuentra y me asombra el tiempo que permanece en la misma postura mientras con sus frágiles dedos pasa los misterios del rosario, gastado por el tiempo.
He decidido despojarme del miedo y tenderle mi mano, no puedo permanecer impasible ante lo que sucede. Cuando se dispone a marchar, sus pasos tropiezan con los míos y nos paramos a charlar.  Ella me pregunta por qué tardé tanto en venir y yo intento explicarle porqué la esperé tanto tiempo.

Me recuerda esos árboles de tronco duro que el paso del tiempo ha llenado de asperezas, aparentemente frágiles y vulnerables pero con un fortaleza interior que nadie ve.
Ese árbol se mantendrá en pie, sus ramas servirán de cobijo una vez más y aunque ya no proporcione la misma sombra de antaño ni le queden ramas suficientes, sus interior seguirá siendo un lugar sereno al que recurrir y descansar. Un lugar en el que reconocerse.


(Fotografía: JoseMRV)
(No es la primera vez que al ver una foto "me inspira" escribir un cuento.)

Comentarios

  1. Un cuento triste porque tiene gran parte de realidad.

    ResponderEliminar
  2. La realidad de la vida, no siempre es alegre.
    Hay partes, en ocasiones visibles y en otras no tanto, que no nos gustan.

    "...sus ramas servirán de cobijo una vez más aunque ya no proporcione la misma sombra de antaño....."

    Hay veces en que es complicado resumir más.

    Un abrazo, Tawaki.
    Y gracias por venir.

    ResponderEliminar
  3. Y mañana sigo, que estoy sin tiempo (he estado unos días fuera, incomunicado)...

    ResponderEliminar
  4. ¡...Y ya estoy aquí! ¡De un salto! :)

    Genial tu cuento. El mensaje superior, pero tu habilidad narrativa, impresionante. Sinceramente que impresiona como remueve tu relato. ¡Bien!

    El caso es que me resulta familiar. ¿Puede ser que ya lo hayas publicado, Neli?

    Enhorabuena y un abrazo muy grande.

    ResponderEliminar
  5. Gracias por ese salto tan especial.

    Me halaga tu buen comentario a mi narrativa, no seré nunca tan buena pero se agradece :-)

    Pues mira, lo escribí hace un tiempo, creo que unos buenos años atrás. Yo no recuerdo haberlo subido en mi anterior blog, pero igual si fue así y por eso te suena.
    Debe ser eso.

    Gran memoria la tuya, amigo.
    Un abrazo.
    Neli.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Primavera extremeña.

Demasiada felicidad.

El viaje de las palabras