Caleidoscopio.

Emilio es ciego de nacimiento pero tiene un oído excelente, puede improvisar cualquier melodía, aferrado a su inseparable guitarra.
Elena es mimo y con la cara totalmente pintada de blanco, lo escucha todas las tardes desde el banco donde actúa. Le es fácil perder su mirada en un punto fijo sin apenas parpadear, sobre todo ahora que su oído viaja lejos y por múltiples lugares escuchando la guitarra de Emilio.

El no pide limosnas, sólo anuncia que vende su música y mucha gente se le acerca, interesada.
Ella lo admira tanto que en ocasiones simula mirar hacia el horizonte izquierdo y se embelesa con esos dedos que parecen perderse dentro de la guitarra.
Siente que esa música le alimenta, además de darle paz y serenidad.
Pero el estómago y la necesidad le recuerdan que hay otro tipo de alimento, lo que le lleva a concentrarse en su actuación.
Hizo un esfuerzo mayúsculo cuando comenzaron las obras en la calle, quería continuar allí, pero pronto tuvo que cambiar a un lugar más transitado, desde donde las notas de Emilio se perdían a lo lejos.

Y entonces sucedió algo.
El seguía tocando con la misma celeridad que siempre, con una técnica depurada y magistral.
Pero sus notas dejaron de tener alma y algo intuyeron los apurados viandantes en su ir y venir.
Una ejecución perfecta seguía deleitando a muchos, pero no transmitía nada.
Las notas eran de color blanco, anodinas, hasta cierto momento de la tarde,  en que se transformaban en un caleidoscopio de colores y matices, provocando expresiones de júbilo y sonoros aplausos.

Lo que nadie sabe es que justo en ese mismo momento, Elena ya concluída su actuación, paraba a observar a Emilio antes de regresar a casa.
Desde un discreto segundo plano se sentaba y su alma seguía aquellas notas y aquel hipnotizador movimiento de manos que tan ágilmente se deslizaban.

Pero por alguna extraña razón, desconocida a nuestros ojos, Emilio si se daba cuenta.
Que una sola persona le admirase y expresase tanta emoción al hacerlo, le provocaba esa reacción.
No lo veía pero lo sentía.
Sus notas eran más intensas porque estaban cargadas de sus sensaciones y emociones, estaba feliz, sonreía y abría mucho los ojos, porque aún sabiendo que no podía ver con ellos,  le ayudaba a expresar que la música puede ser algo más que unas notas hiladas una detrás de otra.

Solo cuando se le pone intencionalidad, cuando se le inyecta color, emociones, descubrimientos, placeres, sensaciones, todo junto se expande hasta rincones irracionales y totalmente emocionales.

Nadie como él para entender que la música sería hueca si no existiese la persona que supiera admirarlo y entenderlo, con la suficiente sensibilidad para darse cuenta de ello y dejarse sorprender en cada matiz.
Alguien que al escuchar su música y cerrar los ojos sintiera lo mismo que él.

Comentarios

  1. precioso relato. la música sublimada, conectora de almas. me encantó.

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  2. Es que la música es conectora de almas, hay algo muy sublime en ella que nos hace soñar y sentirla como algo más que una técnica.

    Me consta que tú la vives con intensidad.
    Gracias por venir y por tu comentario.

    Besos.

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  3. Y en esta historia, que es la historia de un trío, Neli es un ángel con un corazón maravilloso que se emociona en la infinita variedad de sonidos que el corazón humano puede llegar a entonar. Neli escucha, se deja emocionar y después narra lo que siente, como jugando con las emociones.

    Y el resultado es realmente delicioso, mi querida Neli. Mi enhorabuena, porque puedes llegar a crear verdadera belleza.

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  4. Tus palabras si que me han emocionado.
    ¡Con qué buenos ojos me miras, amigo mío!

    Mis palabras serían huecas si no tuvieran receptores que le dieras ese valor que tu comentas y enfatizas.

    Mil gracias.

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