Risas escondidas.

Aquel sonido era poco conocido para ella.
Pero no dejaba de ser familiar.
Su propia risa, a esos niveles, la sorprendieron.
Notó que siempre habían estado ahí, solo que se escondían.
Y una vez comenzó a reír ya no pudo parar.
Y duró medio minuto, tomaba aire y ahí estaba de nuevo la risa.
Seguía una y otra vez.
Minutos cortos, minutos largos, minutos tras minutos.
Era una risa auténtica, natural, espontánea, nacida muy adentro.
Hasta aquel turista, que por casualidad miraba la escena
desde el borde de la piscina, no pude evitar reírse también
en esta ocasión contagiado por la risa de ella.
Le gustó reencontrarse con aquel sonido, le gustó
la alegría que había en su propia risa.
Pero sobre todo le gustó lo bien que se sentía
mientras sucedía y ahora que ha pasado, mientras
lo recuerda de manera tan vívida.

Comentarios

  1. qué bien, risa explosiva, contagiosa, la risa de verdad, limpia... pocas cosas sientan mejor al cuerpo, al alma!

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  2. Yo opino igual, Raúl. Pocas cosas sientan tan bien al alma y al cuerpo. A la mente.
    Que no pare la risa....

    Besos risueños.
    Neli.

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